Artículo de DANIEL HERRERA, Ideal, 26.08.2010

No son granadinos de origen. No están aquí para quedarse. Sin embargo, la imagen que se llevan de Granada puede definir a largo plazo el devenir de la ciudad como núcleo de estudiantes de todo el mundo y como centro de turismo internacional. Los estudiantes Erasmus se han convertido en los embajadores más efectivos de Granada, para lo bueno y lo malo.
Es el caso de Michaela Bauer, estudiante alemana originaria de Wurzburgo. Está haciendo su cuarto año de Pedagogía en la Universidad de Marburg y, durante medio año, fue estudiante de intercambio en el Departamento de Pedagogía de la Universidad de Granada.
Cuando eligió destino para su programa Erasmus, tenía por objetivo aprender español y no sabía casi nada sobre Granada. No vino por su oferta cultural ni turística pero, ahora, seis meses después, es una de las pocas estudiantes que han decidido pasar las vacaciones aquí y afirma que «si tuviera que describir con una palabra la ciudad, diría ‘increíble’».

Una Erasmus diferente
Michaela es una «guiri atípica», como dice que la han descrito más de una vez sus amigos. «Es porque he visto y visitado todo: lo típico de turistas y lo que no lo es tanto. Desde los mercadillos hasta los monumentos. Aunque no me gusta mucho el ‘follón’ y los sitios donde hay mucha gente». A diferencia de muchos estudiantes de intercambio, que se refugian en la comodidad de su idioma y sus costumbres con estudiantes de su país, casi todos los amigos de Michaela son españoles.
«Estoy muy desconectada de la ‘red Erasmus’. Me perdí la orientación para estudiantes internacionales, mis compañeras de piso son andaluzas y no he ido a ninguna fiesta Erasmus. Así es mejor, porque he podido practicar mi español. Además no me gusta la imagen que tienen los programas Erasmus. En Alemania me molestaban: ‘si vas a España un semestre es para no hacer nada, estarás todo el día de fiesta y además sacarás buenas notas porque te lo ponen muy fácil’. Yo no soy así, soy ambiciosa, vine aquí a estudiar y a aprender el idioma. Elegí todas las asignaturas que me interesaban en español, he trabajado tanto como cualquier estudiante de aquí».
Desde el principio la asimilación de la vida granadina fue buena para Michaela. «Me sentí muy integrada desde el principio. La gente es muy paciente cuando no hablas muy bien español, además de amigable y acogedora. Aunque me sentaba mal cuando me hablaban en inglés ¿Mi español no era suficientemente bueno para ellos? Tuve muy pocos problemas para adaptarme, uno de ellos el horario. Aquí todo es muy tarde: las comidas, la hora de dormir… ¡Cuando mis compañeras de piso empezaban a cenar yo ya me iba a acostar! Además, la gente a veces dice cosas que yo me tomaba demasiado literalmente como ‘nos vemos mañana’ o ‘te llamo luego’. ¡Es imposible hacer planes! En Alemania eso es como un compromiso y aquí normalmente no nos veíamos al día siguiente o no nos llamábamos. Me ofendía un poco al principio», se acuerda ahora entre risas.

Bien recibida
El trato que recibió en la Universidad es una de las cosas que Michaela más apreció. «En España normalmente hay mucho papeleo innecesario y burocracia ineficaz, pero en la oficina de Relaciones Internacionales nos ayudan mucho y son muy amigables, incluso se aprenden el nombre de casi todos». Aún así, el sistema universitario español no le impresionó demasiado. «Aquí la universidad parece más una escuela que una universidad y todo está muy basado en la nota y el examen. En Alemania tenemos más flexibilidad y el aprendizaje es lo más importante».
Michaela es aventurera y le encanta pasear por calles desconocidas para encontrar rincones nuevos de la ciudad donde poder estar tranquila y leer. «Mi sitios favoritos son el paseo de los Tristes y la Calderería, donde está mi bar preferido, ‘el 22’. Para estudiar me iba muy a menudo al parque García Lorca porque allí se puede tomar el sol mientras se estudia». Como vino con el objetivo claro de conocer en profundidad la ciudad y la vida en Granada, Michaela hizo por dejarse mucho tiempo libre para descubrir sus secretos. «Es verdad que la universidad ofrece muchas oportunidades y normalmente me gusta hacer voluntariado, pero quería tener mucho tiempo para mí, un horario ligero. Se puede aprender bastante estando con gente, en los bares o paseando. También he viajado mucho para visitar a amigos españoles que estuvieron de Erasmus en Alemania o con mis amigos de aquí. Me gustaron mucho Cabo de Gata y la Sierra. La naturaleza aquí es muy diferente a la de Alemania».

«Seguro que vuelvo»
Toda ciudad que aspira a ser visita obligada para viajeros de todo el mundo, tiene que cuidar la imagen que se llevan los turistas y estudiantes que la visitan. Las campañas de turismo sólo pueden ser efectivas hasta cierto punto. Sin embargo, es en el boca a boca, en la experiencia que se llevan cada una de las millones de personas que pasan por la ciudad, donde se da la publicidad más importante. Cada turista o estudiante de intercambio, al volver a su región de origen, se convierte consciente o inconscientemente en embajador de la ciudad.
Michaela, es de las se van convencidas de que Granada merece la pena y asegura que haciendo balance de lo bueno y lo malo, su experiencia aquí ha sido muy positiva. Incluso tuvo problemas para señalar algo concreto que no le gustara. «Creo que lo que menos me gustó fue el ruido que hay siempre: el tráfico, los camiones de basura por la noche… Pero estoy segura de que volveré. Dejo muy buenos amigos aquí. Recomendaría a cualquiera en Marburg, en Alemania, que viniera a hacer un Erasmus. Granada lo tiene todo: la playa, la montaña, la nieve, los monumentos y la gente». La ciudad ha ganado una embajadora de lujo en Wurzburgo, para representarla como merece.

Source: http://www.ideal.es/granada/v/20100826/granada/granada-tiene-todo-para-20100826.html

 

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