La ciudad de Granada está llena de lugares bonitos y muy característicos. Hoy iNMSOL va a hablar del Paseo de los Tristes, lugar romántico y bohemio, que se encuentra entre la Alhambra y el barrio árabe del Albaicín.

¿Sabéis por qué se llama así? En realidad en el pasado el nombre que se le daba era “Paseo del Padre Manjón” pero lo cambiaron y añadieron este «triste» porque en el siglo XIX se utilizaba como camino hacia el cementerio de San José.

Los terrenos donde está el Paseo eran originalmente de los señores de Castril, donde de hecho había una construcción en el siglo XVII. Pero después de una explosión se destruyó todo, así que en el 1609 se decidió construir este paseo con el fin de facilitar también el acceso al Sacromonte.

El río que cruza el Paseo de los Tristes se llama Darro; el nombre deriva del latín Dauro que significa “de oro”, porque había oro en su cauce.
Hay 14 puentes que cruzan el río, entre los cuales destaca el Puente de las Chirimías. Se trata de un antiguo puente árabe reconstruido en 1882. La chirimía es un instrumento de viento hecho de madera parecido al oboe y de doble lengüeta, trabajada antiguamente de forma grosera y labrada con nueve agujeros laterales. También  está el Puente del Aljibillo, de origen árabe, que se construyó sobre el original con un arco de medio punto. Se llama así por el pequeño aljibe que había al cruzarlo.

Nada más al acceder al paseo se puede ver la escultura de un bailaor y coreógrafo muy famoso hecha en 2014, Mario Maya, que a pesar de ser de Córdoba desarrolló su carrera en los tablaos flamencos del Sacromonte.

En la Carrera del Darro podemos encontrar una casa de estilo renacentista que tiene un balcón tapiado en el que se puede leer “Esperándola del cielo”. Cuenta la leyenda que esta casa pertenecía a Hernando Zafra, secretario de los Reyes Católicos. Vivía solo con su hija Elvira y tenía malas relaciones con los granadinos. Elvira se enamoró de Alfonso de Quintanilla, el hijo de uno de sus enemigos. Se veían a escondidas, en la habitación de la chica. Pero una noche Hernando entró en la habitación. A Alfonso lo colgaron del balcón… mientras el paje pedía clemencia, el padre le dijo: “Colgado quedarás, esperándola del cielo”. Y así lo hizo. Dicen que tapió el balcón e hizo esculpir la frase como advertencia para los que pretendieran «deshonrar» a su hija. Elvira se quitó la vida envenenándose. Se dice también que cuando Hernando de Zafra murió, llovió tanto que el río Darro se llevó su ataúd y nunca más apareció… de ahí una expresión muy granadina: “Llueve más que cuando enterraron a Zafra”.

Al otro lado del río llama la atención un edificio abandonado conocido como la casita de muñecas. Se trata del Hotel Bosques de la Alhambra, construido en 1910. Su ubicación no era bonita porque se encontraba en un terreno húmedo y era de difícil acceso, por eso la gente dejó de ir. Cuando cerraron se convirtió en un hospital, pero igualmente a él no podían acudir a los enfermos y al final fue abandonado. Por supuesto cuenta con sus propias leyendas de «espíritus de enfermos» que vagan por allí.

Hoy en día el Paseo de los Tristes es un lugar donde la gente va a relajarse, comprar cosas en las tiendas de artesanía, tomar tapas o simplemente ver la Alhambra desde abajo.