Collage de escenas sobre los habituales de un

café madrileño de los años cuarenta, a través de

cuyas historias conocemos sus preocupaciones,

el hambre, el peso de la reciente guerra civil

sobre sus vidas, las costumbres…

 

La Colmena sigue, en su estructura, los pasos de Manhatan Transfer, la obra de John Dos Passos, donde a través de varias historias que se entrecruzan o que discurren paralelas las unas a las otras se nos muestra un retrato de toda una comunidad, que es la verdadera protagonista del libro. El mismo título describe con exactitud la intención del autor. La ciudad de Madrid es una colmena donde pululan todo tipo de individuos, unos pintorescos como el intelectual que siempre cita a Nietzsche, Doña Rosa, la autoritaria dueña del café que centraliza un poco la acción…; otros, patéticos y tristes…

Aunque se trata de una novela coral con decenas o cientos de personajes, parece que hay algunos que destacan sobre los demas, yo creo que porque hilvanan una trama un poco más visible. Y es que una de las dificultades del libro es lo que cuesta meterse en él, debido a la dispersión de las historias, y al diferente grado de interés de las mismas. Vemos a doña Rosa con su carácter dominante y poderoso al frente de su negocio, y vemos sobre todo a Martín Marco, un periodista o escritor al que la policía persigue. La verdad es que Cela no explica muy bien las razones de esta persecución; por un lado parece que se trata de algo político, pero el hecho de que haya un crimen violento en uno de sus capítulos me hace sospechar que tal vez tenga relación con eso, aunque no se explica. Cela lo deja todo en el aire, así como también muchas circunstancias de la vida de este personaje que vive más o menos de la caridad de su hermana, con la que se insinua que tuvo “algo” en el pasado.

Lo que pasó con su hermana… ¡Bien! A lo hecho, pecho, y agua pasada no corre molino. Su hermana no era ningún pendón. El cariño es algo que no se sabe dónde termina. Ni dónde empieza tampoco. A un perro se le puede querer más que a una madre. Lo de su hermana… ¡bah! Después de todo, cuando un hombre se calienta no distingue. Los hombres en esto seguimos siendo como los animales.

Otros personajes parecen iniciar una historia, como la del homosexual hijo de la mujer asesinada, pero pronto se corta la trama y nos quedamos con las ganas de saber más; también es interesante el relato de la chica que ofrece su cuerpo a un hombre a cambio de dinero para poder curar a su novio tísico.

Mi gusto personal son menos historias y que estén más relacionadas, porque si no no me entero de nada.

La prosa es muy ajustada, sobria y sencilla. Con apenas unas pocas frases Cela describe a sus criaturas de un modo efectivo, casi siempre con tendencia al realismo más brutal, destacando sus defectos físicos o morales, pero siempre con cariño.

Esta novela, que no pudo publicarse en España debido a la censura (fue calificada de inmoral, pornográfica y no sé cuántas cosas más) refleja el mundo triste y a veces un poco sórdido surgido de la Guerra Civil española, esa postguerra de pobreza, estrechez y estraperlo, que tan a menudo han retratado la literatura y el cine español. Ciertamente, hay bastantes alusiones al sexo, pero siempre de forma muy insinuada, nada explícito. Por no faltar, no falta ni una breve descripción del ambiente homosexual y carcelario de la época.

En la celda donde los encerraron, una habitación inmensa, cuadrada, de techo bajo, mal alumbrada por una bombilla de quince bujías metida en una jaula de alambra, al principio no se veía nada. Después, al cabo de un rato, cuando ya la vista empezó a acostumbrarse, el señor Suárez y Pepe el Astilla, fueron viendo algunas caras conocidas, maricas pobres, descuideros, tomadores del dos, sablistas de oficio…

La Fotógrafa y el Astilla se fueron, muy cogiditos del brazo, por la calle del Prado arriba, por la acera de la izquierda, según se sube, donde hay unos billares. Algunas personas, al verlos, volvían un poco la cabeza.

El estilo es directo, con mucho diálogo y descripciones muy breves. Los personajes hablan casi siempre de manera muy coloquial, los diálogos son muy vivos, aunque precisamente por eso, por el tono distendido, suenan bastante arcaicos en algunas de sus expresiones.

Existe una versión cinematográfica en la que incluso hace una aparición el autor, Don Camilo, dirigida por Mario Camus en 1982, y protagonizada por los pesos pesados del cine español.

 

 

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