Hablar de Granada es hablar de historia, belleza y leyendas. Un paraíso sin igual para dar rienda suelta a nuestra imaginación. ¿Te apetece conocer más sobre la leyenda de El Palacio de Amet o de las rosas azules? Pues presta atención.

Durante el reinado de Mahomet V (el octavo rey de la dinastía nazarí), vivía en Granada el fuerte guerrero árabe Amet, jefe de la tribu de los Aldorandines. Indiferente y descuidado ante los avatares del amor, Amet solo pensaba en la guerra. Tanto era así, que en la punta de su lanza lucía un pañuelo bordado con la palabra “libre”. Tras recuperarse de una larga enfermedad, Amet decidió volver al campo de batalla contra los cristianos. Y un buen día, emprendió su viaje hacia tierras vecinas, en la serranía de Ronda.

Palacio Amet Rosas Azules

Allí, preparado para emprender su lucha, subió a lo alto de una colina para otear el interior de un castillo amurallado. Cuál fue su sorpresa cuando vio salir a una joven doncella cristiana, de nombre Isabel Pereda. Preso de su belleza, Amet quedó desconcertado ante tal pasión. La doncella recorría su camino diario, para visitar a su pobre nodriza en un caserío no muy lejano.

Tras expresarle su amor, Amet la llevó cautiva a su palacio nazarí, en la famosa cuesta de la Albahaca del barrio del Albaicín. Según la tradición, la fortuna quiso que a los pocos días Isabel perdiera todo signo de razón y cordura; su único consuelo era encontrar rosas azules, solo presentes en su imaginación. Amet hizo lo imposible por complacerla hasta que, sin más aliento, decidió traer a palacio a su nodriza. El remedio surtió efecto porque la joven la reconoció al instante, miró con otros ojos a Amet -creyendo que unas rosas que había cortado para la virgen eran las rosas azules con las que soñaba- y entró en razón.

Una vez recuperada, Isabel y Amet regresaron al castillo de Ronda, donde el joven guerrero se convirtió al cristianismo para casarse con su amada. No obstante, la leyenda cuenta que Amet, no pudiendo contener sus ansias de volver a su ciudad soñada, y con ayuda de sus esclavos, hizo cautiva a Isabel para llevarla de vuelta al conocido hoy como Palacio de Amet o de las rosas azules.

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