Hoy nos trasladamos a nuestra querida Sierra Nevada, concretamente a una de sus lagunas más conocidas y que esconde varias leyendas en sus aguas, la Laguna de Vacares.

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Fuente: Andaltura

Primera leyenda: El príncipe moro enloquecido

Una de las leyendas de esta laguna cuenta que en este hermoso lugar había antiguamente un precioso jardín. Por ese tiempo, había una bella princesa que acudía a este jardín situado en la Sierra de Trevélez para reunirse con su amado y tener sus encuentros románticos. Pero esta princesa tenía otro pretendiente, un príncipe moro que estaba locamente enamorado de ella.

El joven príncipe moro, movido por la rabia de ser rechazado continuamente por la princesa, decidió vigilarla para averiguar el motivo de su rechazo, descubriendo así que la bella princesa estaba enamorada y felizmente encontrándose con otro hombre.

Un día, preso de la ira y de los celos, el príncipe moro persiguió a la princesa hasta uno de sus encuentros con su amado. Cuando los encontró juntos, se abalanzó sobre él y lo mató, cortándole la cabeza. Inmediatamente, cuando la cabeza cayó al suelo, se convirtió en una piedra negra.

La princesa, desolada y destrozada por la pena, subió a la peña a llorar, y de tanto llorar, inundó el precioso jardín que allí había y se formó la actual Laguna de Vacares, hasta convertirse en piedra también.

Aún hoy se puede ver la piedra negra en la laguna y comentan los viajeros, que algunas noches pueden oírse los gritos de histeria del príncipe moro.

Segunda leyenda: La ondina de Vacares

Esta es una de las leyendas más conocidas de la Laguna de Vacares, pero existe otra leyenda, la leyenda que cuenta que en esta laguna vivía una ondina (ser mitológico con forma de mujer que vivía en el agua). Cuentan las leyendas de nuestra tierra que la ondina salía en las noches ante los viajeros en forma de pájaro. Cuando se encontraba frente a ellos se transformaba en una bella y sensual mujer. A través de engaños y persuasiones, atraía a los viajeros hasta el borde de la laguna donde los sepultaba bajo las aguas y los devoraba.

Pero la ondina se enamoró de uno de los viajeros, y juntos vivieron una historia de amor en su gruta. Hasta que un día, el enamorado descubrió los cadáveres de las víctimas de la bella mujer de la que estaba enamorada y huyó de la gruta presa del pánico.

Cuenta la leyenda, que desde aquel momento, la ondina, llena de dolor, no perdonó a ningún viajero. Y que aún los viajeros evitan pasar por la Laguna de Vacares al anochecer para no caer condenados.

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