La articulación cultural de la ciudad de Madrid durante la ‘Transición’, se hizo desde el Ayuntamiento de Madrid presidido por Enrique Tierno Galván y actuando sobre dos ejes fundamentales, la revitalización de las fiestas populares de origen tradicional y la incorporación de la cultura juvenil a los proyectos municipales.

Esa efervescencia cultural, fruto del conseguido maridaje entre Tierno, ‘el viejo profesor’, y la juventud madrileña, tendría en Madrid un nombre: ‘La Movida Madrileña’.

El Ayuntamiento de Madrid hizo un esfuerzo subvencionando los macro-conciertos de las grandes figuras del rock&roll internacionales, poniéndolos al alcance de cualquier bolsillo, por muy escaso que estuviese, e incorporándolos al calendario de las fiestas populares, como San Isidro o los Carnavales. En este sentido, la inauguración del Rockódromo de la Casa de Campo, sólo tenía una función: abrir las puertas del proyecto de revitalización cultural a la juventud.

Aunque nadie sabe quién le dio ese nombre, todos y todas los que participaron en ‘La Movida Madrileña’ están de acuerdo hoy en que si algo les unía, eran las ganas de divertirse en aquel Madrid efervescente de los primeros años 80.

El redescubrimiento de Madrid por los propios jóvenes como protagonista urbano y marco y escenario de la diversión juvenil, fue una de las características más peculiares para entender el hecho cultural que significó ‘La Movida Madrileña’.

La ola de energía creadora liberada por los cientos de jóvenes que se lanzaban descaradamente a vivir Madrid y sus noches eran las dos caras de una misma moneda, la del mercantilismo y del hedonismo apolítico por un lado y por el otro la de la ruptura con todo el engranaje cultural de represión que significaron los cuarenta años de la dictadura franquista.

Sobre estos dos elementos se articularía ‘La Movida Madrileña’, desde las ansias de disfrute de una juventud, deseosa de poner en pie y usar plenamente de su libertad individual y de disfrutar colectivamente de ella, sin cortapisas ni represiones morales.

‘La Movida Madrileña’, propiamente dicha, viene precedida de una cierta rebeldía juvenil, que procedente de los barrios periféricos, va tomando cuerpo en el centro de Madrid. Bajar o subir al centro es todo un rito juvenil para muchos de estos jóvenes. Malasaña y Lavapiés se ponen de moda. Mientras ciertos barrios han vivido y vivirán su propia movida paralela, véase el caso mas significativo y peculiar del popular y combativo barrio obrero de Vallecas, transformado en aquellos años en Vallekas, con las actividades y ‘movidas’ entorno a su famoso ‘bulevar’.

Ciertas zonas del centro se van convirtiendo en barrios dominados por la presencia de una juventud deseosa y hambrienta de nuevas diversiones, Malasaña será el barrio referencial, por antonomasia. Sus locales se pueblan de jóvenes que se divierten al ritmo de sus músicas, sin ningún complejo de culpa que les impida lanzarse al disfrute total.

Una cierta cultura alternativa irá tomando cuerpo, hija del ‘underground’ o de la contra-cultura heredera de los años sesenta y setenta de Norteamérica y de Europa. Los fanzines y los graffitis, dominan esta primera escena contra-cultural madrileña. El Rastro, cerca de Lavapiés, es su punto de referencia y ‘La Bobia’ su punto de encuentro

En este ambiente cultural juvenil y efervescente pronto surgirán sus fotógrafos (Ouka Lele, Alberto García-Alix, Gorka de Duo…); sus pintores y dibujantes (Ceesepe, ‘El Hortelano’, Guillermo Pérez Villalta, el dúo Costus, Nazario…); sus músicos (Radio Futura, Tequila , La Unión, Nacha Pop, Los Secretos, Aviador Dro, Burning, Leño, Alaska y los Pegamoides, Tino Casal, Joaquín Sabina, Golpes Bajos, Los Nikis, Los Toreros Muertos, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente, Las Vulpes, Derribos Arias, Glutamato Ye-ye, Mecano…); sus cineastas (Pedro Almodovar, Fernando Trueba, Fernando Colomo, Iván Zulueta…); sus escritores (Gregorio Morales, Vicente Molina Foix, Luis Antonio de Villena, Javier Barquín, José Tono, Luis Mateo Díez, José Antonio Gabriel y Galán, José Luis Moreno-Ruiz, Ramón Mayrata…) y hasta sus cronistas al socaire de algunas revistas como ‘La Luna’ o el comic ‘Madriz’ editado por el Ayuntamiento de Madrid.

El punto de inflexión se estaba alcanzado, se había enterrado la casposa y represiva cultura franquista y había surgido otra, juvenil y muy dinámica, más acode con los nuevos tiempos, moderna y muy presentable en el exterior, cerrando definitivamente esa imagen de pandereta de nuestro país dada durante tantos años por el franquismo.

Aunque nacida en Madrid, ‘La Movida’ pronto se extendió miméticamente a otras ciudades, que presenciarían su propia movida, como es el caso mas señalado de Vigo en la gallega Pontevedra.

Pasados ya más de veinticinco años de su surgimiento, es quizá ahora cuando comienza a hacerse la historia de un momento en el que comenzábamos a vivir en libertad y a experimentar con ella.

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