Atar los perros con longanizas

se refiere a gastar dinero u otros recursos valiosos sin previa consideración, al derroche y demostración ostensible de la riqueza. 

El proverbio tiene su origen en un pueblo de Salamanca, famoso por su fábrica de embutidos. Un día una empleada de esa fábrica tenía mucha prisa y no se le ocurrió nada mejor que atar a un perrito, que intentaba entrar a la fábrica, a la pata de un banco, usando una ristra de longanizas. Cuando pasaba por allí un muchacho del pueblo se quedó boquiabierto viendo la escena; no tardó mucho en difundir la siguiente noticia: ¡..en la fábrica son tan ricos que hasta pueden atar a los perros con longanizas!

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