Carlos Giménez, uno de los grandes maestros del cómic, recopila en un libro las distintas y estremecedoras historias que cuentan cómo fue la Guerra Civil para el pueblo madrileño.

Ha diseccionado la historia de España con precisión de cirujano y no tiene el menor interés en cambiar los parámetros de su obra, pero si Carlos Giménez, uno de los grandes del cómic, decidiera crear un tebeo sobre la situación actual del país, su diagnóstico sería muy elocuente: “Jodidos pero contentos”.
“Cobramos menos, nos jubilaremos más tarde, nos echarán antes del trabajo, recibiremos indemnizaciones menores… ¡y la gente mirando el fútbol!”, lamenta el dibujante, justo cuando se publica la antología Todo 36-39: malos tiempos (Mondadori), recopilación de su estremecedor relato sobre el día a día del pueblo madrileño durante la Guerra Civil.
“Quería contar la guerra desde mi punto de vista, una guerra sin fechas ni personajes históricos, la guerra de la gente corriente, la que sufre a causa de las bombas y el hambre, la que tiene que enterrar a sus seres queridos. Ya había contado la posguerra y, de alguna forma, Malos tiempos completa Paracuellos”, afirma el ilustrador.
Publicado originalmente entre diciembre de 2007 y abril de 2009, 36-39: malos tiempos refleja la capacidad del ser humano para adaptarse a las circunstancias más adversas: “La gente iba al cine, se enamoraba… Era una vida ‘normal’ dentro de esa normalidad absurda y tremenda de la guerra”, señala Giménez.
Como no podía ser de otra manera, la brutalidad se encuentra a flor de piel en las viñetas del tebeo: “No se puede ser frívolo con la guerra, porque cambió la vida de todos los españoles y marcó el comienzo de algo terrible: el franquismo. De hecho, todavía están por ahí sus herederos, cada vez más chulos y con más fuerza”, apunta el dibujante.
La memoria histórica no es sino el trabajo que Giménez ha venido realizado durante los últimos cincuenta años: “Un amigo me dijo que yo la había inventado, sólo que no sabía que se llamaba así”, confiesa. “Soy partidario de que se investiguen los asesinatos, de que se abran las fosas comunes, de que se entierre a la gente como es debido, de que cada hijo reciba el cadáver de su padre y cada nieto el de su abuelo. Sólo tenemos la versión de los que ganaron la guerra; ahora tenemos que contarla los derrotados”, proclama.
En todo caso, Malos tiempos deja a un lado las cuestiones políticas y se centra en reflejar la miseria, el miedo, las desventuras del hombre y la mujer anónimos que luchaban por sobrevivir entre tanta injusticia y barbarie.
“Héroes, a lo largo de la historia, ha habido muy pocos. Además, lo difícil no es ser un héroe, sino aguantar todos los días. La heroicidad está en esas personas que alimentan, cuidan y limpian a sus hijos, que van al trabajo y tratan de subsistir. Lo difícil es ser un héroe siete días a la semana”, matiza el autor.
A punto de entrar en el club de los setentones, Giménez no descansa y aún tiene cuerda para rato: “Sólo es un proyecto, pero ahora quiero hacer algo con la vida de Pepe González, un grandísimo dibujante cuyos muchos matices deben contarse”.
Por otro lado, el ilustrador no descarta una futura recuperación de Paracuellos, su obra más insigne: “Es inevitable. Conoces nuevas historias, acumulas materiales y, de pronto, te encuentras con que te apetece volver a contar todo aquello. La idea me ronda por la cabeza constantemente, pero hay muchas otras cosas que hacer”, advierte.

 

 

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